Porque no es prudente ser librepensador
Del Deus ex maquina
al Chapulín colorado
Por Juan José García Posada
La diferencia entre la
literatura moderna y el teatro griego reside en la actitud del espectador ante
los dioses y el modo de interpretarla por el autor. Cuando el profesor García
Gual deplora la ausencia de los dioses en la novela y el teatro contemporáneos,
porque se ha perdido ese componente esencial de belleza representado en la
acción de los personajes ultraterrenos que decidían el destino de los héroes y
los demás mortales, induce a reconocer el influjo determinante de la religión
griega en la mentalidad de todos aquellos que estaban vinculados con el entorno
teatral y dramático: Los dioses estaban integrados a sus vidas y su presencia
en la creación literaria era necesaria y esperada, no sucedía por casualidad ni
por una demanda extrema de auxilio y en momentos de agonía, sino porque en
todos los instantes estaban gobernando la trama, el desarrollo de los episodios
concomitantes y el final de la obra.
La ayuda de Helios a su nieta
Medea para que huyera en un carro celestial resultaba obvia. La utilización del
Deus ex maquina fue el recurso
artificioso, pero no tenía por qué ser extraño para el espectador en el drama
de Eurípides: En algún momento Medea iba a ser salvada por voluntad de los
dioses. Pese a todo, Aristóteles advirtió sobre la inconveniencia de recurrir a
la acción de los habitantes del Olimpo en casos como el de la misma Medea,
involucrada en el homicidio de los dos hijos que había procreado con Jasón,
porque parecía justo salvar a semejante filicida.
Pero la realidad está en que la
intervención divina, así fuera súbita y sorprendente porque esa era y sigue
siendo condición normal de los efectos especiales, formaba parte de las
expectativas del espectador y estaba concebida por el autor e incluida en el
libreto. En cambio, en los tiempos actuales esa intervención mediante el Deus ex maquina no está eslabonada con
la lógica de la obra dramática o novelesca, porque no corresponde a las
expectativas, creencias y necesidades del espectador.
La intervención del Deus ex maquina, el Dios desde la
máquina, se acepta y se utiliza hoy en día como un recurso extraordinario para
resolver situaciones de encrucijada, trances en los cuales se requiere la
acción portentosa y prodigiosa de alguien que supere la capacidad decisoria y
las fuerzas de los individuos comunes y corrientes, todos ajenos, como el
espectador y como el autor, a la creencia en que siempre y en todos los
instantes habrá una intervención velada o manifiesta, implícita o explícita, de
los dioses del Olimpo, hoy inexistentes, míticos o legendarios, ausentes por
completo de la vida real y de la misma ficción dramática y novelesca.
La racionalidad ilustrada y el
imperio del individuo no admiten tales creencias y acciones. La fe en el hombre
es intransferible a los antiguos dioses. Desde el Olimpo se disponía el destino
de los humanos (los efímeros, como ha
dicho el profesor García Gual) y esa omnipotencia se refleja en La Ilíada y La Odisea: La guerra de Troya y las aventuras y desventuras de
Odiseo fueron creadas y dirigidas por los dioses y ellos eran también los
responsables del desenlace de las tragedias, así como se les atribuía la
responsabilidad en la orientación del discurrir histórico.
¿Era la de los dioses una
presencia sobrenatural, o al contrario, una actuación natural? Mejor podría
asumirse que lo sobrenatural se vivía y entendía como algo natural, de la vida
diaria, casi de la rutina y así se comprendía y representaba en el arte
dramático. George Steiner ha dicho, en La
muerte de la tragedia (Ed. Monte Ávila, 1970, citado por García Gual en
Encuentros heroicos, FCE, 2010): “La mitología del teatro griego era la
expresión de una imagen cabal y tradicional de la vida. El poeta podía alcanzar
con su auditorio un contacto inmediato de terror o deleite, porque poeta y
auditorio compartían los mismos hábitos y creencias. Cuando estos hábitos ya no
tienen vigencia, la correspondiente mitología muere o se torna lo que vemos en
Sófocles”.
Y el puente, el modo técnico,
el recurso artificioso para demostrar esa naturalidad de lo sobrenatural en lo
que se creía y confiaba, era el artefacto que transportaba al dios para que
pudiera actuar en el escenario, salvar al héroe o la heroína y causar profunda
emoción en el espectador. El Deus ex
maquina era el instrumento demostrativo de la sobrenaturalidad natural en
los tiempos de la religión de los griegos. Era el resultado del aparato de
transporte que permitía patentizar en el teatro la presencia amable y
protectora de los dioses, de unos dioses siempre cercanos, por lo general
amistosos y dotados de un sentido de la justicia, la verdad y la bondad y de la
belleza estética suficientes para hacerlos guías y compañeros necesarios de los
humanos, de los efímeros mortales, así como de los héroes.
El Deus ex maquina lo era por el vehículo en el que llegaban al
escenario esos símbolos de la vida real, que eran los dioses, en el teatro
griego. Lo ha dicho el profesor García Gual, en sus clases dentro del reciente
curso que nos dictó en la UPB y en una entrevista con él que hemos publicado en
programa Coloquio de los Libros, por
Radio Bolivariana, y en el Suplemento Generación,
de EL COLOMBIANO: “Los dioses parece que no son muy actuales, pero si se corta
eso es como si se cortara gran parte de la belleza del mundo en cuanto a la
cosa fantástica. Los dioses antiguos están por ahí por encima de los héroes, y
no prometen a los hombres una inmortalidad y un mundo feliz en el futuro, pero
sí son una simbolización de los aspectos más importantes de la vida real. He
dicho alguna vez que los dioses griegos son demasiado humanos. Y además son
esos dioses que no aplastan a los hombres. Porque Oriente tiene grandes dioses,
pero son dioses que aplastan un poco la condición humana. En el mundo griego
los hombres son libres y a veces se enfrentan con los dioses. Es hermoso pensar
que detrás de los efímeros hay unas figuras que de alguna manera representan un
mundo de una extraña belleza”.
El Deus ex maquina del presente, en la novela y el teatro, es una
versión muy transformada. La tecnología electrónica e informática facilita una
presentación muy sugestiva, con todo el ilusionismo del lenguaje audiovisual,
sea en el teatro, el cine o la televisión o en otros medios convergentes en los
que pueda representarse la obra teatral. Y si se hace referencia al Deus ex maquina de la obra escrita e
impresa en libro, también ese Deus ex
maquina difiere en la forma y el fondo del que se inventó y utilizó en el
teatro griego.
Lo esencial está, como queda
dicho, en que ya no se trata de una forma artificiosa de demostración de la
presencia de los dioses, porque en los tiempos modernos no se les reconoce ni
se invocan sus poderes omnímodos. A los dioses se les ha mandado al mismo sanalejo
de la tragedia. El Deus ex maquina de
nuestros días es el recurso que el autor emplea para salir del paso, superar
situaciones insolubles, resolver problemas que de otro modo se quedarían como
incógnitas inconvenientes porque impedirían el final feliz o infeliz de un
relato, o de una obra dramática.
Y no son los dioses del Olimpo
los que aterrizan en la grúa mecánica para auxiliar al autor o al espectador.
Son héroes dotados de fuerza y potencia sobrehumanas, de cuya aparición se
tiene certidumbre desde el comienzo, pero en virtud de la capacidad del
espectador de compenetrarse con la ficción y disfrutarla, mas no porque los
tenga como personajes ultraterrenos a quienes pueda llamar él mismo en
solicitud de socorro, de ayuda o de asistencia sapiente para resolver una
situación compleja.
Los superhéroes de nuestro
tiempo han sustituido a los dioses del Olimpo. Sin embargo, mientras los dioses
eran los inspiradores de la religión de los griegos y al mismo tiempo se creía
en su presencia en la vida real y cotidiana, los superhéroes no se salen del
territorio de la ficción: Una vez concluida la obra, retornan a sus propios
recintos, como Batman a su baticueva, Superman (muy vulnerable, además, si lo
afecta la kriptonita) a su quehacer
ordinario en el periódico de Ciudad Gótica, El Agente 007 a sus actividades
rutinarias de espionaje, etc. Entre el espectador, llámesele lector, oyente
(por supuesto que no pueden excluirse las casi legendarias radionovelas),
televidente, cinéfilo o cibernauta, y la obra respectiva, se establece una
relación circunstancial y de ocasión, que dura tanto como el tiempo de lectura
o de apreciación ante la pantalla. No es una relación permanente y vital, como
sí lo era para el espectador de las obras de Esquilo, de Sófocles o de
Eurípides.
A los superhéroes se les ha
asignado en la postragedia del cine, la televisión, la radio y los impresos el
papel que desempeñaban los dioses en la tragedia griega. Incluso pueden
encarnar y portar valores fundamentales. La justicia, la bondad, la verdad y la
belleza no tienen por qué serles ajenos y extraños. Sin embargo, carecen del
origen, el sentido y el poder ultraterrenos de los dioses.
Que unos y otros puedan ser
creaciones de la imaginación, no se cuestiona. Pero la primera imaginación, en
los tiempos del teatro original, concibió y puso en vigencia a unos personajes
celestiales que estaban grabados en el alma popular. No sería apropiado hablar sólo
de un imaginario colectivo, sino de una relación vital con unos seres que
dirigían a los héroes y a los humanos y en cuya compañía cercana se creía y
confiaba. No sucede lo mismo con los superhéroes mediáticos de la época actual.
Al menos todavía les falta mucho tiempo para que alcancen la jerarquía, la
capacidad de convocación y de presencia y la cercanía vital de los antiguos
dioses, que también, por su parte, podían ser mediáticos a su modo.
Y mediáticos por el medio de
transporte que se empleaba para hacerlos aterrizar en el escenario. El Deus ex maquina podría definirse como el
producto del empleo de un primer vehículo mediático, pero con la inmensa
diferencia de que del original podía prescindirse en la vida real: Terminada la
función teatral, no era necesario ponerlo en funcionamiento y sin embargo
seguía creyéndose en la existencia de los dioses, en tanto que el Deus ex maquina hiperdesarrollado que
hace aparecer hoy en día a los superhéroes sería imprescindible para sostener
su presencia y su vigencia. Sin la operación del artefacto que aseguraría esa
presencia y esa vigencia, una vez terminada la función o la representación por
el medio, queda guardado con los mismos superhéroes en el depósito de utilería
detrás del escenario.
El actual Deus ex maquina, además de la versión que se ha acogido al tenerlo
como fuente superior de inspiración para el creador literario o estético, ha
experimentado, como recurso extremo, una suerte de degradación, o de
caricaturización. Ya no representa la transportación desde el Olimpo, sino
desde las salas de producción de los efectos especiales, que enriquecen la
llamada estrategia de la ilusión. Desde un computador pueden confeccionarse
tales efectos mediante programas avanzados de diseño y edición, que incluyen el
holograma, por ejemplo. Tal vez si los genios informáticos y mediáticos y los
directores y productores de cine, televisión e internet se empeñaran en revivir
a los dioses griegos, lo conseguirían con el apoyo de los medios de
comunicación y de un espectador que podría encontrar en ellos algo en qué
creer, en estos tiempos de crisis de certezas y de confianza.
Por ahora, no son los dioses
sino los superhéroes los que llegan a las pantallas y los impresos, con toda la
carga de ficción e inverosimilitud y sus apariciones llenas de efectismo, que
los haría insoportables como acompañantes de la vida normal de los humanos.
Todos, quedan reducidos en la actualidad a la simpática y popularísima serie de
televisión mexicana, síntesis representativa y caricaturesca de los superhéroes
y del moderno Deus ex maquina:
- ¿Y ahora quién podrá
defendernos? –pregunta el angustiado protagonista.
Y en salta al escenario el
personaje que viene de algún lugar, pero no del Olimpo:
- ¡Yoooo! ¡El Chapulín colorado!
¡No contaban con mi astucia!

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio